domingo, 1 de agosto de 2010

Este país

-Pinche país de mierda -Nooo, yo, no soy una mierda, tú, no eres una mierda, ella, tampoco es una mierda. La mía era una expresión de hartazgo. Pero me causó tanta gracia y tanta molestia que me contradijera con tanta vehemencia, yo estaba decepcionada, encabronada y me contradijo en ese momento, y seguí molesta, porque, en realidad yo pensé, y lo sigo pensando, que el país es una mierda. Me causó tanta gracia y tanta molestia que se lo conté a Diana y ella, con su característica forma de ser, su costumbre que a veces me emboba, de analizar todo a detalle me dejó más divertida que hasta la molestia se me quitó. - Yo no soy una mierda, tú no eres una mierda, pero el gobierno es una mierda, los grupos de poder son una mierda, las policías son una mierda, los políticos son una mierda, entonces sí, Alma tiene razón, el país no es una mierda, pero casi todo el país es una mierda. Recordaba ese par de fragmentos de conversaciones pasadas, cuando recordé también una pregunta que hace Vargas Llosa en la primera página de su libro Conversaciones en la Catedral: “¿En qué momento se jodió el Perú?” y me hice la misma pregunta para México, ¿en qué momento se jodió México? Y entonces pensé que México nació jodido y ahora se encuentra en el punto débil, al borde de un abismo, pero está dormido y a ratos despierta y cuando lo hace, parte de él se cae a ese abismo, pero si un día despierta y en lugar de ver hacia enfrente y ver ese abismo, como en la caverna de Platón, se da la vuelta, se va a dar cuenta de lo que ha dejado, de lo que ha permitido que se le salga de las manos, se va a dar cuenta que hay muchas cosas podridas, que hay que limpiar la casa y que no va a ser nada fácil. Y sí, si hay muchas cosas podridas, entonces si hay mucha mierda. Me siento asqueada de los legisladores mexicanos que se paran en tribuna o en cámara a gritarle al otro a ningunearlo a hablar y hablar y nunca decir nada, el pueblo al que representan les vale sorbete, de hecho me parece que no se acuerdan qué hacen ahí, a excepción del cheque. Recuerdo cuando ratificaron al actual procurador a pesar de que había mucha oposición del pueblo, sólo para lavarse las manos, parecía una historia de esas que nos contaba el padre Fiduris los sábados, en las reuniones que él llamaba cruzadas (¡imagínate!), esas historias sobre Poncio Pilatos en la que se lava las manos (literalmente por cierto, decía el curita) para que el pueblo no le reclamara a él y le tiró la bolita al “pobre” Caifás”. Pues lo mismo hicieron estos legisladores mexicanos, ratificaron al mal querido y ahí te la echas Marianito, ahí te echas.

domingo, 9 de mayo de 2010

De cursilerias

¡Qué maravillosas son las cursilerías!, ¿a poco no? Somos a veces tan patéticos en aceptar que somos humanos que nos empeñamos tanto en decir que somos hombres o que somos mujeres. Por ejemplo, las mujeres hemos empleado el último siglo en decirnos que somos mejores que los hombres, que queremos libertad (de dinero, de trabajo, de sexualidad, de decisión, de maternidad, de participación social y política), que podemos hacer esto y aquello y mejor que o más que. Por supuesto, no está mal hacer de lado el maldito machismo, pero nos ha pasado algo muy malo y no lo hemos comprendido, no se le ha visto. En ese proceso se ha perdido mucho, cierto, sí, se ha ganado mucho también, pero se ha perdido tanto que no se podrá recuperar. En el camino hemos dejado por igual caballerosidad que feminidad. La esencia del hombre, la esencia de la mujer, se han extraviado en una vana competencia de poderes. Hombre y mujer son complementarios, son el ensamble perfecto de la naturaleza. Continuará...