viernes, 8 de agosto de 2008

Las eras sociales, mentales...

Hablar de la sociedad y su forma de vida, de pensamiento, es envolverse en los oscuros pasajes de la mente humana, del actuar y del pensar, de la forma en que las personas se han ido mimetizando entre sí. Por atracción sexual, de pensamiento, de afinidad en lo que sea que el humano haya estado haciendo en cada época de su vida.

Ha habido una serie de cambios y transformaciones que se pueden ver muy marcadas, aunque cada día se hacen nuevos descubrimientos y se encuentran cosas asombrosas que hicieron nuestros antepasados, pero los expertos han marcado algunas etapas de la humanidad: la prehistoria, donde el humano empezó a descubrirse; la edad antigua, donde se encuentran nuestros antepasados, desde gloriosos guerreros hasta los grandes pensadores; y luego, viene la era cristiana, que ocurre en los últimos dos mil años, pero aquí se encuentran, para occidente sobre todo, una serie de estadíos en los que se ha desenvuelto el ser humano y a los cuales se les han llamado Edad Media, Renacimiento, Ilustración, Modernismo y Posmodernismo.

Aquí entra una cuestión muy importante: la fuerza social coercitiva que ha tenido la era cristiana, de dominio social, mental y sí, hasta físico (dónde el culto al cuerpo era un pecado, era algo malo), y esto, sobre millones y millones de personas, durante siglos y siglos.

La nueva era, le han llamado algunos al movimiento de rechazo contra esas normas establecidas durante siglos, adoptadas (y casi heredadas) generación tras generación, pero más allá de la nueva era y todo lo que le incluye como, incluso la resurrección y/o adopción de antiguos rituales, mal llamados paganos; la adopción de rituales orientales para el reencuentro con un espíritu o un alma que se ha creído por siglos, tenemos dentro del cuerpo humano, en alguna parte, nadie la ha encontrado, pero se dice que ahí está, y es por ella que se han vivido cientos de generaciones durante miles de años, donde la satisfacción de una vida ha sido suplida por ficciones desde encantadoras hasta estremecedoras.

Por ejemplo, ¿quién de los criados bajo las grandes religiones, no ha tenido pesadillas atroces por las noches o por el día (no importa, dormido o despierto), ocasionadas por los demonios, fuegos, de las historias de los llamados libros sagrados?

La vida ha sido desechada durante siglos, ha sido cambiada por los pensamientos más abstractos, por los imaginarios más absurdos, la vida ha sido cambiada por la muerte. Generaciones y generaciones han vivido para morir. Es simple, lo pregonan las grandes religiones, hay que prepararse para la muerte, portarse bien, pero qué es portarse bien. Seguir una serie de reglas y ritos en los que por cierto, la mujer es la más perjudicada. De tal manera que los seres humanos nos hemos preparado para algo que no conocemos, que no sabemos si existe, que nunca hemos tocado, que se ha formado en el imaginario colectivo de las personas, y además es por uno de los proceso que le pueden dar vida al ser humano, el de la educación: educar, si educar transmitir los conocimientos acumulados de la sociedad de una generación a otra, del que tiene el conocimiento al que no lo tiene (Durkheim). Entonces la vida, ha sido relegada a segundo o tercer plano, si no es que más allá.

Cuando se nos habla de modernismo, posmodernismo, etc., seguimos hablando de una sola cosa: el renacimiento, sí, después de cinco siglos de que este movimiento social y de pensamiento surgió, todavía seguimos en el proceso. No existen esas cosas llamadas era moderna, era posmoderna, era nueva, era contemporánea, era tecnológica, era del conocimiento. Todas pertenecen a lo mismo, son constantes evolutivas que forman parte del renacimiento del ser humano. Se está superando a sí mismo y eso, no es fácil.

La era del renacimiento incluye liberarnos de siglos de represión física y mental, liberarnos de siglos de idolatrías y de olvido, de olvido de nosotros mismos como seres humanos, olvido de vivir, olvido de la libertad, el respeto por la tierra, por la vida animal y humana.

Pero esta parte que vivimos ahora implica no perder la conciencia de que estamos en una forma de vida agitada, en la que la misma reconversión o reconfiguración, conlleva a su vez un acelere constante en el que corremos el riesgo de cambiar de ídolos y dejar de vivir otra vez por esos nuevos ídolos: ganar dinero, poder, un buen empleo.

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