Las noticias que vemos día a día, nos cambian la perspectiva de la vida que hemos vivido siempre, pero continuamos como si nada de eso pasara, como si siguiéramos con la paz y la tranquilidad de las calles saturadas de carros conducidos por cafres, locos y un que otro u otra tranquilo. La paz de las colonias donde era noticia si a alguien le robaban la ropa del tendedero o la bici que dejaron los chamacos por fuera de la casa, más raro aún si se metían a robar a la casa.
Pasaron ya esos tiempos en los que no teníamos que preocuparnos mucho. Pero quizá sólo eran momentos obtusos, en los que cerrábamos los ojos a lo que pasaba fuera del mundito en el que vivíamos.
Pasaron ya esos tiempos y empiezan otros en los que comentamos como nada la noticia del nuevo asesinato, del nuevo secuestro. Estamos perdiendo la capacidad de asombro, pero paralelo a eso estamos también viviendo un miedo que tenemos que ignorar por salud, sí por salud, porque tenemos que salir a la calle, tenemos que ir a las escuelas, tenemos que trabajar, y tratar de seguir con la vida que tenemos como si no pasara nada, como si no tuviéramos miedo.
Hermosillo ya no es la ciudad que aparentaba ser, donde en teoría nunca pasaba nada. Pasaron ya los tiempos donde en Sonora no pasaba nada más interesante que el calor de Hermosillo y el frío de la Sierra.
¿Qué pasó con el México de las familias, de los parques, de los pueblos, de las serenatas?
El pesimismo me dice que nunca volverá, ni tampoco mejorará. La realidad me dice que mi pesimismo tiene razón, pero que el mundo está cambiando, que las personas están cambiando y que eso traerá otra vida, otra forma de vida, otra sociedad.

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